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Posts Tagged ‘Caballo de Troya’

Me encuentro estos días leyendo la última novela de J. J. Benítez, “El día del relámpago”, y volviendo a experimentar esa sensación extraña y agridulce que muchas veces me ha acompañado cuando he leído las últimas partes de la saga de “Caballo de Troya”.

¿Es sincero J. J. Benítez con sus lectores?

¿Es sincero J. J. Benítez con sus lectores?

No entra dentro de mis propósitos querer establecer ningún juicio de valor sobre las motivaciones que pueda tener J. J. Benítez a la hora de escribir y publicar sus libros. Creo que tiene derecho, como cualquier escritor, a divulgar su obra y promocionarla como mejor le parezca oportuno.

Sin embargo, ya desde hace tiempo, me sorprende mucho constatar una circunstancia en torno a sus novelas. He visto en Youtube la presentación que hizo en Madrid de su libro, y me llama poderosamente la atención que no hay ni rastro de El Libro de Urantia, ya sea en las preguntas que le hacen algunos asistentes, ya sea en sus comentarios o respuestas. Llevo mucho tiempo leyendo aquí y allá en artículos acerca de J. J. Benítez que el escritor ha reconocido alguna vez (muy pocas), haber utilizado El Libro de Urantia como una de sus fuentes de información para sus libros, pero que habitualmente no parece gustar de hablar sobre ello.

¿Por qué razón hace eso? ¿Por qué no habla abiertamente de El Libro de Urantia, si, tal y como yo lo veo, sus novelas de “Caballo de Troya” no son sino una adaptación en forma de novela de ciencia-ficción de la cuarta parte de las revelaciones de Urantia? ¿O es que acaso el propio autor se cree de verdad, como así parece dejar entrever en sus declaraciones, esa historia sobre viajes en el tiempo que contienen sus libros?

Me resulta chocante pero hay mucha gente que tras leer los libros de J. J. Benítez cree sinceramente que existió un militar norteamericano que puso hace años en manos del escritor una información clasificada sobre un proyecto para viajar en el tiempo, y que incluía entre otros avances científicos extraordinarios, un sistema de protección anti-balas ultrafino, un sistema de captación de información directamente del cerebro humano, así como un sinfín de cachivaches que exceden con mucho la imaginación más desbordante. Los últimos avances en microchips quedan en ridículo con los diseños y creaciones que este proyecto ultra-secreto estaba desarrollando ¡¡¡en plenos años 70!!!

Mi novela sobre Jesús de Nazaret fue al principio un intento por investigar los libros de “Caballo de Troya”. Mi investigación pronto me llevó a leer libros como “Jerusalén en tiempos de Jesús”, de Joaquim Jeremias, y otros libros de diferentes eruditos expertos en la época del siglo I.

En seguida pude constatar que en los libros de J. J. Benítez, como era esperable, había decenas de párrafos extraídos casi literalmente de estos otros libros. Estaba empezando a descubrir las fuentes en las que el escritor se había basado para escribir sus libros. Y eso es algo que es normal. Lógicamente, como todo escritor, J. J. Benítez se ha documentado para escribir sus novelas. Lo que ya no veo tan normal, aunque reconozco que J. J. Benítez es libre de hacerlo y de hecho le ha proporcionado innumerable éxito, es atribuir su texto a un origen falso o inventado. Yo creo que un escritor debe ser sincero con su público. Si al escribir un libro alguien utiliza una fuente y se documenta leyendo algo, resulta oportuno, en el propio libro o cuando le entrevistan, indicarlo. No me parece cabal querer dar la sensación al público de que lo que escribe en realidad no lo ha escrito él sino que son las transcripciones de un diario que recibió de alguien y que le pidió que fuera sacando a la luz progresivamente a lo largo de 30 años. ¡Qué casualidad, 30 años me parece una cifra muy cercana al tiempo que creo yo que un escritor podría necesitar para documentarse y escribir nueve libros! Sencillamente, no me lo trago. ¿Un diario que casualmente contiene decenas de párrafos extraídos de autores expertos en el siglo I, como Joaquim Jeremias? ¿No sería más lógico pensar que para querer rodear de un mayor misterio a su novela J. J. Benítez haya querido darla un toque a documento ultrasecreto?

Por qué hace esto J. J. Benítez con tanta fruición es algo que se me escapa. ¿Marketing? Quizá. ¿Que sus libros sean más enigmáticos le otorgan más credibilidad e interés que si simplemente dijera que es una adaptación de unas dudosas revelaciones publicadas a mediados del siglo XX en EEUU? Podría ser. Reconozco que cada vez que menciono “El Libro de Urantia” o “Las revelaciones de Urantia” me suena todo al libro del mormón. Urantia es una palabra extraña, extraña y poco agraciada para nuestros oídos tan acostumbrados a llamar a nuestro planeta simplemente como “La Tierra”. Tan extraña que en una de sus novelas J. J. Benítez parece avergonzarse de ella y la trastoca por “Iurancha”.

En cualquier caso, haya hecho lo que haya hecho J. J. Benítez con “La Quinta Revelación”, sería muy injusto menospreciar su trabajo. “El Libro de Urantia”, publicado en EEUU desde 1955, no vio la luz en español hasta 1996 (¡¡cuarenta años después!!) y eso gracias al esfuerzo de unos gentiles voluntarios que hicieron la primera traducción a nuestro idioma. No sería extraño pensar que hacia los años 70 J. J. Benítez no pudiera aguantar su impaciencia por ver algunas de las extraordinarias declaraciones de este libro publicadas en español y se lanzara a escribir varios libros sobre el tema hasta sacar su exitoso “Caballo de Troya”. Su fórmula de mezclar conspiraciones ultrasecretas, desciframiento de códigos y revelaciones sobre la vida de Jesús se ha demostrado ser una fórmula de formidable éxito, y si no que se lo pregunten a Dan Brown, que ha hecho lo mismo veinte años después.

Es gracias a Benítez que miles y miles de lectores de habla hispana han leído, sin saberlo, centenares de páginas de “El Libro de Urantia”, y se han contagiado de su estimulación por la búsqueda de la verdad acerca de Jesús, una verdad que desde luego cada vez queda más claro para muchos que no es la que nos han contado de manera tradicional.

Así que no es fácil juzgar lo que este escritor está haciendo con su obra, y quizá no convenga hacerlo. La verdad está ahí para quien quiera esforzarse un poco en leer no sólo un libro, sino un par de decenas. Cuanto más lee uno, y cuanto más contrasta lo que lee, más cosas descubre, y menos se deja engatusar por ideas peregrinas. Lo importante no es descubrir algo, sino no parar nunca de desear descubrir más.

Seamos justos y admitamos que J. J. Benítez ha conseguido algo al alcance de muy pocos. Las cifras de ventas de sus libros son un récord que no sé si otro autor hispano ha logrado. Desde luego, en los libros de Benítez aletea algo más, y no son proyectos ultrasecretos americanos. Hay manos moviendo unos hilos tenues pero muy influyentes que hacen que estos fenómenos literarios ocurran. La moda “Jesús de Nazaret” no es efímera. Es una moda que ha venido aquí para quedarse. De hecho no se ha ido en dos mil años. Y seguirá por mucho tiempo. Porque no veo que haya otro misterio, otro tema más enigmático y excitante que la vida de este “hombre” único y singular que fue El Maestro.

Dejemos por tanto a Benítez hablar de generales Curtiss y de Kissingers, y sigamos leyendo sus libros con la mente despejada y con la mano puesta en otra variada bibliografía. Porque al final, si somos despiertos, todo nos llevará a conocer más y mejor el tema en cuestión.

Lo dicho: que a leer toca.

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