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Posts Tagged ‘Abner’

El torrente informativo de “La Quinta Revelación” es impresionante y sólo gracias a él hemos podido muchos vislumbrar, por primera vez, algunas cosas que ni se nos habían planteado a los cristianos.

Jesús y sus discípulos "silenciados"

Una de estas cosas es la existencia de muchos apóstoles o discípulos “silenciados”, seguidores de Jesús de gran trascendencia en los primeros compases del surgimiento del cristianismo, pero que con el paso del tiempo, acabaron sumidos en el olvido. No fueron mencionados por los primeros escritores cristianos, o fueron marginados a propósito.

Uno de esos casos fue el de David Zebedeo, del que nunca habíamos oído hablar porque pensábamos que los Zebedeo sólo fueron dos hermanos, Santiago y Juan. Una mención especial y aparte merecerían las numerosas mujeres, grandes creyentes y seguidoras del Rabí, de las que no tenemos noticia y de las que “La Quinta Revelación” sí se hace eco. Mujeres tales como Nalda, la samaritana a la que Jesús pidió de beber; Ruth, la hermana más joven de Jesús; Perpetua, la mujer de Pedro… Mujeres algunas que llegaron a formar incluso un grupo de doce “apóstolas” de las que evidentemente ni quisieron oír hablar gente como Pablo de Tarso y otros seguidores suyos, pero que sin duda debieron tener un papel muy especial en la primitiva comunidad cristiana (y si no léanse bien las cartas de Pablo y los Hechos y véase la enorme referencia a nombres femeninos que existen).

Pero este tema de las mujeres “silenciadas” da para mucho más y requerirá de un artículo especial para ellas, más adelante, cuando el tema surja a lo largo de la novela.

Hoy me gustaría hablar de otro eterno “olvidado” al que “La Quinta Revelación” parece estar queriendo rescatar del olvido: Abner.

Abner (nacido el 16 a.C. y fallecido el 21/11/74) fue un miembro nazareo de la colonia de nazareos de En-Geddí, y durante cierto tiempo el líder de esta colonia. Los nazareos, de los que ya hemos hablado en un artículo dedicado a los grupos religiosos judíos de la época, eran una organización pequeña de creyentes que hacían unos votos muy especiales en lo relativo a la pureza que les confería una distinción social muy alta, pues compartían el honor, junto al sumo sacerdote, de ser los únicos que podían ingresar en el Santo de los Santos en el Templo de Jerusalén. En este sentido, habría que ver a Abner como una persona muy respetada, incluso por el clero judío, al menos hasta que se hizo seguidor de Jesús.

Abner se hizo muy amigo de Juan Bautista en la orden nazarea. Abner había sido el jefe y líder reconocido de esta colonia de nazareos, seguramente hasta que su inclinación por Juan le hizo perder ese liderazgo (LU 135:2.4 y 142:8.1). Fue el principal de los discípulos de Juan, su brazo derecho. Tenía un grupo de discípulos de Juan a su cargo, todos de Judea. Abner era natural de Sebaste, en Samaría, pero es imposible que fuera samaritano, pues fue nazareo. Simplemente, nació en Sebaste (LU 144:9.1).

Abner se volvió un ferviente creyente de Jesús y su más firme aliado, más incluso que los propios apóstoles. De hecho, Jesús le confió la dirección de los setenta evangelistas (LU 144:7.4). Abner estuvo asociado a Andrés cuando los doce de Jesús y los doce de Juan trabajaron juntos (LU 146:3.9). (Conviene recordar aquí que fue Andrés, y no su hermano Pedro, quien ostentó la jefatura del grupo de apóstoles en vida de Jesús, aunque luego cambiaran las tornas). Aparte de los apóstoles de Juan que dirigió Abner, llegó a formar a su alrededor a un grupo de cincuenta discípulos (LU 163:0.1). “El Libro de Urantia” nos cuenta que su trabajo como predicador y el de sus discípulos asociados fue de más alcance que el de los apóstoles, llegando ya durante la vida pública de Jesús a enviar discípulos a Alejandría, donde se formó un grupo de seguidores del Maestro (162:9.2).

Tras la muerte de Jesús, Abner se convirtió en el jefe de la iglesia de Filadelfia, al igual que Santiago, el hermano de Jesús, lo fue de la de Jerusalén (LU 166:5.1-2), y tuvieron ambos graves desavenencias. Tampoco mantuvo buenas relaciones ni con Pedro ni con Pablo (LU 166:5.3), lo cual explica que ninguno de los evangelios posteriores mencionen ni su nombre. Abner, en estas disputas con algunos apóstoles, tuvo de su parte a Lázaro de Betania y sus hermanas, que vendieron sus propiedades y se mudaron a Filadelfia (LU 168:5.3). También fue apoyado por David Zebedeo (LU 171:1.5), y tuvo el apoyo de Natanael, quien vivió en Filadelfia durante un año (LU 193:6.4). Esto explicaría que ni David Zebedeo ni tampoco Natanael llegaran a aparecer como protagonistas en el libro de los Hechos, y en el caso de David, que ni se le mencione en los evangelios.

Abner realizó una inmensa obra de predicación hacia el este al igual que Pablo lo hizo hacia el oeste. De hecho, Abner tenía un visión más oriental o babilónica de las enseñanzas de Jesús. Abner mantuvo contactos estrechos con el hijo mayor de Cimboitón, el director de la famosa academia de Urmia donde enseñó Jesús durante unos meses (LU 134:6.15), pero parece ser que no eligió bien a los discípulos que envió a Urmia, porque éstos causaron mucha zozobra en la academia y tiempo después tuvo que cerrar sus puertas.

“El Libro de Urantia” no parece tener más que palabras de alabanza para Abner, a diferencia de las numerosas críticas que hace a Pablo de Tarso. Menciona a Pablo como uno de los grandes maestros religiosos universales, pero sólo por los grandes efectos que obtuvo, no porque sus enseñanzas fueran correctas. Dice “El Libro de Urantia” acerca de los discípulos de Abner: “Durante los últimos años de la vida de Abner y un tiempo después tras su muerte, los creyentes de Filadelfia que eran dirigidos por Abner se atuvieron a la religión de Jesús, tal y como éste la había enseñado, más que ningún otro grupo en la Tierra” (LU 166:5.6).

Abner vivió hasta los 89 años, y murió en Filadelfia el día 21 de noviembre de 74 (LU 166:5.7). Llama mucho la atención que los escritores de “El Libro de Urantia” sólo den la fecha de la muerte de este seguidor de Jesús y de ningún otro más, incluso de los apóstoles. Sin duda lo hacen como reconocimiento a este hombre incomprendido, al que se nota que colocan por encima de Pablo en cuanto a fidelidad al mensaje del Maestro. Por lo mucho que insiste “El Libro de Urantia” en las diferencias entre la predicación de Abner y Pablo (LU 171:5.6), se nota en él cierta preferencia por Abner. En “El Libro de Urantia” Abner es casi tan protagonista o más que Pedro y los doce; no hay más que ver qué últimas palabras más emotivas le dirige Jesús (LU 171:3.2): «Hijo mío, yo sé que tú serás fiel al reino, y oro para que el Padre te otorgue sabiduría de modo que puedas amar y comprender a tus hermanos».

¿Qué fue de esta Iglesia cristiana promovida por Abner y sus discípulos, además de por el apóstol Natanael y otros? “El Libro de Urantia” nos deja caer una información bien misteriosa: “La versión oriental del mensaje de Jesús, aunque permaneció más fiel a sus enseñanzas, continuó siguiendo la actitud poco transigente de Abner. No progresó jamás como lo hizo la versión helenizada sino que finalmente se malogró dentro del movimiento islámico.” (LU 195:1.11). ¿Dentro del movimiento islámico? ¿Es que hubo contactos y mezcla entre un cristianismo primitivo y el Islam? Pues bien podría ser, si atendemos a los estudios pioneros que algunos expertos como Günter Lünling han realizado sobre el tema. Sobre este asunto, que es digno de un artículo específico en profundidad (en otro momento), sólo dejo aquí un par de enlaces web y una cita, para que quien quiera profundice:

Es sabido que la Biblia no es un producto homogéneo de una sola mente sino que presenta una gran diversidad de ideas reunidas de forma más bien casual, y transmitidas de manera frecuentemente dudosa hasta su inclusión definitiva en el códice del Antiguo o el Nuevo Testamento. Hasta ahora, sin embargo, no se aplicaba la misma visión al Corán, que se acepta comúnmente como la creación de un único hombre, Mahoma – su nombre exacto era Mohamed ben Abdala – en el siglo VII (exceptuando, desde luego, quienes le atribuyen un origen directamente divino).
   El teólogo alemán Günter Lüling, de Erlangen, ha realizado una minuciosa investigación exegética del texto coránico. Llega a una conclusión prácticamente inaudita en la historiografía actual, pero no por ello menos convincente: el núcleo central del Libro Santo del islam está constituido por cierto número de canciones paleocristianas que más tarde fueron modificadas y enriquecidas con otras ideas.
   Las primeras publicaciones de Lüling en este sentido se remontan al año 1970. Fueron inicialmente rechazadas por los demás teólogos y orientalistas. Hoy, sin embargo, Lüling cuenta con diversos seguidores entre prestigiosos orientalistas alemanes, franceses e ingleses.

¿Acaso “El Libro de Urantia”, que se remonta a 1934, ya estaba anticipando con su párrafo 195:1.11 lo que empeiza a ser descubierto por la exégesis islámica moderna?

http://www.ilya.it/chrono/pages/corancristsp.htm
http://en.wikipedia.org/wiki/Günter_Lüling

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